Prevención del delito y la violencia en entornos escolares: una deuda estructural desde la mirada criminológica

 

Los entornos escolares, en teoría, convendrían ser áreas de protección, aumento y desarrollo. Asimismo, en la práctica, diversas escuelas se han transformado en sitios de difusión de diferencias, violencia figurada y excepción. Lejos de ser un amparo seguro, son escenas donde se declaran con fuerza las fracturas sociales que inquietan a niños, niñas y adolescentes: violencia doméstica, escasez, consumo de drogas, acoso, distinción y deserción institucional.

Desde la criminología crítica, compromete reflexionar la prevención escolar más lejos del castigo, de la vigilancia o de las acciones ocasionales. Se demanda una innovación organizada, una política de Estado, y no solo mediaciones desiertas. Como futuros profesionales, no logramos ser espectadores pasivos: tenemos que ser motores de variedad que tracen, planteen y requieran medios escolares que efectivamente prevengan el delito y la violencia desde la raíz.

I. El entorno escolar como sitio de riesgo y oportunidad

La escuela no está excluida de su contexto. En comunidades frágiles, las situaciones sociales de violencia, excepción y criminalidad se infiltran en los pasillos escolares. Allí se visibilizan situaciones como:

v  Acoso escolar (bullying) y ciberacoso

v  Violencia intrafamiliar proyectada en el aula

v  Consumo de drogas dentro o en torno al centro educativo

v  Apariencia de bandas o narcomenudeo cerca de la institución

v  Estigmatización y diferencia por género, orientación sexual, etnia o pobreza

Cuando el método educativo no objeta a estas circunstancias, se transforma en un espacio expulsivo, que decae las condiciones de peligro en lugar de aminorarlas. Varios alumnos, al no localizar represión, apoyo o perspicacia, concluyen renunciando la escuela e ingresando en circuitos delictivos.

Las situaciones de violencia hacia los niños, niñas y adolescentes y entre ellos, ponen en riesgo su integridad física y emocional, por lo que se requiere un abordaje interinstitucional y del involucramiento de toda la sociedad, de los padres, madres o encargados de forma activa y propositiva garantizando su desarrollo integral(MEP, Seguridad Pública, PANI y Justicia fortalecen acciones en centros educativos ante situaciones de violencia, 2022).

Prevención escolar, por tanto, no es solo seguridad física, sino también emocional, cultural y social.

II. Políticas escolares actuales: escasas y fragmentadas

Costa Rica cuenta con varias decisiones de prevención en centros educativos: protocolos contra el acoso escolar, juntas de vida estudiantil, acciones de convivencia, visitas policiales, etc. No obstante, estos ejercicios muestran fallas estructurales:

  • Escasez de enfoque organizado y territorializado: se emplean igual en zonas rurales que en comunidades urbanas con aspecto narco, sin creer el contexto determinado.
  • Arbitrajes reactivos y accidentales: varias políticas se impulsan solo posteriormente de hechos de violencia, sin componentes continuados de prevención.
  • Descuido de formación del personal docente: los profesores y directores no perenemente cuentan con equipos para tramitar compromisos, mediar en condiciones críticas o aguantar emocionalmente a estudiantes.
  • Agotamiento en la coordinación interinstitucional: los centros educativos varias veces afrontan solos las dificultades, sin soporte real del Ministerio de Seguridad, PANI, IAFA, IMAS o municipalidades.

Esto crea una escuela vulnerable, sin red de soporte, que, en vez de prevenir, representa círculos de exclusión y violencia.

III. Compite por la prevención primaria: educación emocional y justicia restaurativa

La prevención segura empieza antes del problema, no cuando ya reventó. Esto involucra encajar una cultura escolar de paz, empatía y obediencia, por medio de:

Ø  Educación emocional como eje perpendicular del currículo.

Ø  Destrezas sociales, manejo de la ira, audición activa y resolución tranquila de problemas.

Ø  Programas de tutela entre pares, mentoría positiva y liderazgo juvenil.

Ø  Justicia restaurativa en parte de castigos tradicionales: ambientes de diálogo, convenios de reparación, intervención entre estudiantes, reintegración en lugar de exclusión.

La ejecución de enfoques restaurativos ha demostrado ser más eficaz que la sanción punitiva. Destituir a un estudiante por conducta violenta, sin trabajar las causas inferiores, solo lo estimula más cerca del delito y la marginalidad.

La escuela debe ser un lugar donde se logre andar, pero además educarse, remediar y progresar.

IV. Prevención secundaria: identificar y tener en cuenta señales de riesgo

Es esencial que las instituciones educativas desplieguen unidades de detección prematura de factores de riesgo:

  • Deserción escolar o poca asistencia constante
  • Cambios rudos de conducta
  • Autoagresiones o ideación suicida
  • Implicación en actos violentos o hurtos
  • Señas de abuso sexual o consumo de drogas

Frente a estas indicaciones, la escuela debe impulsar una red de atención relacionada con otras instituciones del Estado. Fuera de la escasez de recursos, expertos y articulación interinstitucional hace que varias veces estas señales se desconozcan o minimicen.

El joven que hoy realiza un delito en el camino, dio antes muchas señales dentro del aula. El régimen simplemente no supo, no logró o no pretendió escucharlas.

V. El papel de la comunidad educativa y las familias

La prevención escolar no es solo labor del Ministerio de Educación. Demanda la colaboración activa de las familias, entidades, gobiernos locales, formaciones sociales y actores institucionales. A pesar de, la relación escuela-familia suele estar usada, inconclusa por la desconfianza o el desenlace.

Para una prevención segura se requiere:

  • Escuelas accesibles a la comunidad, con acciones artísticas, culturales y deportivas fuera del curso lectivo.
  • Cooperación activa de los padres y madres en métodos educativos y preventivos.
  • Recomendaciones estudiantiles con voz real en las disposiciones del centro.
  • Policía comunitaria con perspectiva preventiva, no represivo.

Un ambiente escolar seguro y preventivo es consecuencia de una colectividad que cuida, no de una institución que vigila.

VI. Criminología crítica: convertir desde la raíz

Desde la criminología, debemos desistir de ver la escuela como un común “lugar de peligro”, e intentar a verla como el escenario importante para la prevención del delito y el impulso de la ciudadanía. Allí se constituyen las raíces de la legalidad, la empatía, la obediencia y la justicia.

No es suficiente con estudios académicos o diagnósticos. Es debido incidir en la política educativa, crear docentes con enfoque en prevención, crear conocimiento aplicado, sobre todo, atender a quienes viven el aula cada día: escolares, profesores, personal administrativo.

La criminología debe ingresar a las escuelas, no como espía, sino como compañera para crear paz.

Conclusión: no hay seguridad sin educación, ni educación sin prevención

La prevención en ambientes escolares es una de las inversiones más valiosas que logra hacer un Estado. No solo reduce la criminalidad futura, sino que responde el derecho a una educación segura, comprensiva y digna. En término de criminalizar a la juventud, debemos conducirla, comprenderla y empoderarla.

Como futuros criminólogos y criminólogas, nuestro rol es reflexionar el papel del instituto en la reconstrucción de sociedades seguras, justas y humanas. La seguridad no se asigna desde afuera; se planta desde adentro, aula por aula, comunidad por comunidad.


Referencias 

MEP, Seguridad Pública, PANI y Justicia fortalecen acciones en centros educativos ante situaciones de violencia. (18 de marzo de 2022). Obtenido de Ministerio de Educación Pública: https://www.mep.go.cr/noticias/mep-seguridad-publica-pani-justicia-fortalecen-acciones-centros-educativos-ante-situaciones

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