Prevención del delito y la violencia en entornos escolares: una deuda estructural desde la mirada criminológica
Los entornos escolares, en
teoría, convendrían ser áreas de protección, aumento y desarrollo. Asimismo, en
la práctica, diversas escuelas se han transformado en sitios de difusión
de diferencias, violencia figurada y excepción. Lejos de ser un amparo
seguro, son escenas donde se declaran con fuerza las fracturas sociales que inquietan
a niños, niñas y adolescentes: violencia doméstica, escasez, consumo de drogas,
acoso, distinción y deserción institucional.
Desde la criminología crítica,
compromete reflexionar la prevención escolar más lejos del castigo, de la vigilancia
o de las acciones ocasionales. Se demanda una innovación organizada, una
política de Estado, y no solo mediaciones desiertas. Como futuros
profesionales, no logramos ser espectadores pasivos: tenemos que ser motores de
variedad que tracen, planteen y requieran medios escolares que efectivamente
prevengan el delito y la violencia desde la raíz.
I. El entorno escolar como sitio
de riesgo y oportunidad
La escuela no está excluida de
su contexto. En comunidades frágiles, las situaciones sociales de violencia, excepción
y criminalidad se infiltran en los pasillos escolares. Allí se visibilizan situaciones
como:
v Acoso
escolar (bullying) y ciberacoso
v Violencia
intrafamiliar proyectada en el aula
v Consumo
de drogas dentro o en torno al centro educativo
v Apariencia
de bandas o narcomenudeo cerca de la institución
v Estigmatización
y diferencia por género, orientación sexual, etnia o pobreza
Cuando el método educativo no objeta
a estas circunstancias, se transforma en un espacio expulsivo, que decae las condiciones
de peligro en lugar de aminorarlas. Varios alumnos, al no localizar represión,
apoyo o perspicacia, concluyen renunciando la escuela e ingresando en circuitos
delictivos.
Las
situaciones de violencia hacia los niños, niñas y adolescentes y entre ellos,
ponen en riesgo su integridad física y emocional, por lo que se requiere un
abordaje interinstitucional y del involucramiento de toda la sociedad, de los
padres, madres o encargados de forma activa y propositiva garantizando su
desarrollo integral
Prevención escolar, por tanto,
no es solo seguridad física, sino también emocional, cultural y social.
II. Políticas escolares
actuales: escasas y fragmentadas
Costa Rica cuenta con varias decisiones
de prevención en centros educativos: protocolos contra el acoso escolar, juntas
de vida estudiantil, acciones de convivencia, visitas policiales, etc. No
obstante, estos ejercicios muestran fallas estructurales:
- Escasez de enfoque organizado y
territorializado: se emplean igual en zonas rurales
que en comunidades urbanas con aspecto narco, sin creer el contexto determinado.
- Arbitrajes reactivos y accidentales: varias
políticas se impulsan solo posteriormente de hechos de violencia, sin componentes
continuados de prevención.
- Descuido de formación del personal
docente: los profesores y directores no perenemente
cuentan con equipos para tramitar compromisos, mediar en condiciones
críticas o aguantar emocionalmente a estudiantes.
- Agotamiento en la coordinación
interinstitucional: los centros educativos varias veces afrontan
solos las dificultades, sin soporte real del Ministerio de Seguridad,
PANI, IAFA, IMAS o municipalidades.
Esto crea una escuela
vulnerable, sin red de soporte, que, en vez de prevenir, representa círculos de
exclusión y violencia.
III. Compite por la prevención
primaria: educación emocional y justicia restaurativa
La prevención segura empieza antes
del problema, no cuando ya reventó. Esto involucra encajar una cultura escolar
de paz, empatía y obediencia, por medio de:
Ø Educación
emocional como eje perpendicular del currículo.
Ø Destrezas
sociales, manejo de la ira, audición activa y resolución tranquila de problemas.
Ø Programas
de tutela entre pares, mentoría positiva y liderazgo juvenil.
Ø Justicia
restaurativa en parte de castigos tradicionales: ambientes de diálogo, convenios
de reparación, intervención entre estudiantes, reintegración en lugar de exclusión.
La ejecución de enfoques
restaurativos ha demostrado ser más eficaz que la sanción punitiva. Destituir a
un estudiante por conducta violenta, sin trabajar las causas inferiores, solo
lo estimula más cerca del delito y la marginalidad.
La escuela debe ser un lugar
donde se logre andar, pero además educarse, remediar y progresar.
IV. Prevención secundaria:
identificar y tener en cuenta señales de riesgo
Es esencial que las instituciones
educativas desplieguen unidades de detección prematura de factores de
riesgo:
- Deserción escolar o poca asistencia constante
- Cambios rudos de conducta
- Autoagresiones o ideación suicida
- Implicación en actos violentos o hurtos
- Señas de abuso sexual o consumo de drogas
Frente a estas indicaciones,
la escuela debe impulsar una red de atención relacionada con otras
instituciones del Estado. Fuera de la escasez de recursos, expertos y
articulación interinstitucional hace que varias veces estas señales se desconozcan
o minimicen.
El joven que hoy realiza un
delito en el camino, dio antes muchas señales dentro del aula. El régimen
simplemente no supo, no logró o no pretendió escucharlas.
V. El papel de la comunidad
educativa y las familias
La prevención escolar no es
solo labor del Ministerio de Educación. Demanda la colaboración activa de las
familias, entidades, gobiernos locales, formaciones sociales y actores
institucionales. A pesar de, la relación escuela-familia suele estar usada, inconclusa
por la desconfianza o el desenlace.
Para una prevención segura se requiere:
- Escuelas accesibles a la comunidad, con acciones
artísticas, culturales y deportivas fuera del curso lectivo.
- Cooperación activa de los padres y madres
en métodos educativos y preventivos.
- Recomendaciones estudiantiles con voz real
en las disposiciones del centro.
- Policía comunitaria con perspectiva preventiva,
no represivo.
Un ambiente escolar seguro y
preventivo es consecuencia de una colectividad que cuida, no de una institución
que vigila.
VI. Criminología crítica: convertir
desde la raíz
Desde la criminología, debemos
desistir de ver la escuela como un común “lugar de peligro”, e intentar a verla
como el escenario importante para la prevención del delito y el impulso de la ciudadanía.
Allí se constituyen las raíces de la legalidad, la empatía, la obediencia y la
justicia.
No es suficiente con estudios
académicos o diagnósticos. Es debido incidir en la política educativa, crear
docentes con enfoque en prevención, crear conocimiento aplicado, sobre todo, atender
a quienes viven el aula cada día: escolares, profesores, personal
administrativo.
La criminología debe ingresar
a las escuelas, no como espía, sino como compañera para crear paz.
Conclusión: no hay seguridad
sin educación, ni educación sin prevención
La prevención en ambientes
escolares es una de las inversiones más valiosas que logra hacer un Estado.
No solo reduce la criminalidad futura, sino que responde el derecho a una
educación segura, comprensiva y digna. En término de criminalizar a la
juventud, debemos conducirla, comprenderla y empoderarla.
Como futuros criminólogos y
criminólogas, nuestro rol es reflexionar el papel del instituto en la reconstrucción
de sociedades seguras, justas y humanas. La seguridad no se asigna desde
afuera; se planta desde adentro, aula por aula, comunidad por comunidad.
Referencias
MEP, Seguridad Pública, PANI y Justicia fortalecen
acciones en centros educativos ante situaciones de violencia. (18 de marzo de 2022). Obtenido de Ministerio de
Educación Pública:
https://www.mep.go.cr/noticias/mep-seguridad-publica-pani-justicia-fortalecen-acciones-centros-educativos-ante-situaciones
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