Prevención del delito juvenil: una exigencia estructural desde la criminología crítica
Prevención del delito
juvenil: una exigencia estructural desde la criminología crítica
El delito juvenil no es
un contagio, ni una desviación individual, sino la expresión de fracturas organizadas
y sociales que conmueven asimétricamente a la juventud. En sociedades manifiestas
por la desigualdad, la supresión y la violencia estructural, la respuesta
tradicional ha sido sancionar y etiquetar a jóvenes en problemas con la ley,
sin pensar las causas profundas que los estimulan hacia recorridos delictivos.
Como futuros profesionales de la criminología, nos incumbe deconstruir este
enfoque restrictivo y plantear alternativas que aconsejen, contengan y
transformen.
La prevención del
delito juvenil no consigue reducirse a campañas de concientización o a
controles policiales. Solicita políticas públicas exhaustivas, con enfoque
a largo plazo, que aborden desde la niñez los factores de riesgo y desarrollen
los factores protectores. La criminología actual debe ser, ante todo, una
herramienta de justicia social.
I. Concibiendo el
delito juvenil desde su raíz: ¿quiénes delinquen y por qué?
Las estadísticas no
engañan: la mayoría de los jóvenes privados de libertad proceden de contextos
de pobreza, abandono institucional, deserción escolar, violencia intrafamiliar,
consumo de drogas y medios violentos. No surgieron delincuentes; fueron colectivizados
en condiciones que disminuyeron sus conformidades y encubrieron su percepción
del futuro.
El sistema penal
juvenil, remotamente de reinsertar, varios ciclos reproducen signos, interrumpe
procesos educativos y vigoriza identidades delictivas. Esto se decae con
políticas populistas punitivas que originan la reducción de edades de
imputabilidad o la exageración de penas, desconociendo la realidad empírica
sobre su inutilidad y alto costo social.
La criminología crítica
plantea un negocio de enfoque: desistir de mirar el delito juvenil como un
fenómeno propio, y abordarlo como una locución colectiva de diferencia y
exclusión.
II. Prevención
temprana: la clave que el Estado continúa olvidando
La efectiva prevención
del delito juvenil aborda más antes del primer acto delictivo. Emprende
en la infancia, con el acceso a derechos esenciales: enseñanza, salud mental, sustento,
afecto, oportunidades.
Programas de cuidado a la niñez en peligro, como “Crecemos Seguros” o “PANI Cuida”, han señalado que la intrusión temprana, conducida de redes de apoyo, reduce elocuentemente la posibilidad de involucramiento en acciones delictivas. No obstante, estos esfuerzos insisten en ser inconclusos, con frágil cobertura, insuficiente inversión y sin persistencia interinstitucional (Patronato Nacional de la Infancia ).
La escuela, por
ejemplo, convendría ser un refugio de prevención. Pero la supresión
educativa continúa siendo uno de los importantes predictores de la criminalidad
juvenil. La deserción escolar es perspectiva como un inconveniente del alumno,
cuando en contexto es la señal de un sistema que no se adecua a situaciones
diversas ni responde trayectorias formativas continuadas.
Programas de prevención
secundaria: ¿se está intercediendo a tiempo?
La prevención
secundaria se describe a la intervención directa con jóvenes en contexto de
riesgo o ya en contacto con gobiernos delictivos, pero aún no judicializados.
En Costa Rica, ciertas decisiones matizan por su enfoque preventivo, como los
programas de Espacios Seguros Juveniles del IAFA, o las labores de trascendencia
de las Oficinas Locales de Juventud.
Asimismo, hay prácticas
relevantes desde la sociedad civil, como programas deportivos, artísticos y de
mentoría, que vigorizan la autoestima, las redes sociales positivas y el
sentido de pertenencia. Estas actividades son valiosas, pero están desunidas de
una política de prevención juvenil sólida y nacionalmente acoplada.
Frecuentemente, las fundaciones
actúan de manera paralela, sin colaborar análisis ni estrategias. Tampoco hay
un método de alerta temprana eficiente, que acceda a revelar signos de peligro
(violencia en el hogar, consumo de drogas, deserción escolar) y activar rutas
de vigilancia completadas.
La prevención
secundaria demanda urgencia, coordinación y capacidad de réplica. Pero en varios
casos, los jóvenes solo son perceptibles para el Estado cuando cometen un
delito.
IV. Sistema penal
juvenil: un instrumento que debe ser restaurativa, no punitiva
Cuando la prevención
falla, el joven ingresa al sistema penal. Aquí, el gran conflicto es la falta
de enfoque restaurativo y didáctico. Si bien la Ley de Justicia Penal
Juvenil en Costa Rica involucra principios garantistas, en la experiencia aún
se privilegia la reclusión sobre la reinserción.
“La Justicia Juvenil
Restaurativa es un procedimiento legal, que permite resolver conflictos penales
juveniles por medio de la utilización del diálogo y la búsqueda conjunta de
soluciones, con una participación activa de la persona ofensora, la ofendida y
la comunidad”
Los centros penales
juveniles están sobrepoblados, con situaciones que no ayudan el progreso
integral. La oferta formativa y laboral es escasa, y la atención psicológica, restringida.
En lugar de atenuar un proceso de responsabilización y variación, se concluye reforzando
las identificaciones punibles, destrozando lazos familiares y reproduciendo
el lapso de excepción.
Un sistema penal
juvenil seguro debe competir por penas disyuntivas, métodos restaurativos,
trabajo urbano, terapia propia y grupal, sobre todo, una compañía post-penal
que paralice la reincidencia.
Reinserción no es librar
y olvidar. Es edificar condiciones para que el joven no vuelva al delito.
V. Contribución
juvenil: el actor desconocido en las políticas públicas
Uno de los errores más
frecuentes en las estrategias de prevención del delito juvenil es conversar sobre
los jóvenes, sin conversar con ellos. Las políticas se plantean desde
escritorios colectivos, sin alcanzar las dinámicas culturales, barriales o
emocionales que traspasan a los jóvenes en riesgo.
Los jóvenes no solo son
favorecidos; compensan ser intérpretes. La prevención será más segura si contiene
liderazgos juveniles, redes de pares, espacios de participación, creación política,
operación comunitaria y reconocimiento del valor de su práctica.
Varios jóvenes que hoy infringen,
podrían estar advirtiendo el delito si se les examina su voz y se les
abren caminos de innovación.
Conclusión: una
criminología que perciba, actúe y convierta
La prevención del
delito juvenil no es un inconveniente técnico ni moral, sino un compromiso
político, ética y estructural. Demanda voluntad estatal, cambio sostenido, determinaciones
territoriales, sobre todo, una innovación del enfoque: desistir de ver a la
juventud como amenaza, y reconocerla como viable.
Como futuros
criminólogos y criminólogas, no logramos seguir percibiendo desde la distancia.
Corresponde salir del aula y del informe, y faltar prontamente en la
construcción de políticas públicas preventivas, restaurativas e intensamente
humanas. El delito juvenil no se disputa con mano dura, sino con mano justa,
mente crítica y corazón expuesto.
Referencias
Poder Judicial. (2021). Obtenido de Justicia Juvenil Restaurativa:
https://justiciarestaurativa.poder-judicial.go.cr/penal-juvenil
(s.f.). Obtenido de Patronato Nacional de la Infancia
: https://pani.go.cr/sobre-el-pani/programas/
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